Raúl Millares y su testimonio para “Hombres Padres y un Hijo” (comentarios a cargo de Ur Bóreas)


09. Raúl F. Millares

 

Hoy agradezco a Raúl que comparta su “revelación”, o una de ellas, porque al menos a mí, me ha “llegado”. ¿Y de qué revelación hablo? A sus palabras me remito:

(…)
-Verás, Candela, es importante dar las gracias para mostrar a los demás que nos importan y valoramos lo que hacen por nosotros. Si no fuese por esta palabra no sabríamos si los demás han considerado nuestro esfuerzo.  A ver hija -y aquí es donde me la jugué-, si tú ayudas a alguien y ese alguien no te da las gracias, ¿cómo sabrías tú que esa persona aprecia lo que has hecho?

“Yo sólo quería molar ante ella con una pregunta retórica, pero ella ignoró mi doblez y contestó:
-Por su sonrisa.

Y se quedó tan pancha.

En aquel momento tuve una revelación.
Desde que soy padre, esto me pasa varias veces al mes. No es nada místico y tú, querido lector, también puedes experimentar ese vértigo tan atractivo que dejaste de sentir cuando el escepticismo se apoderó de tu alma: basta con que te agaches o te sientes a la altura de tu hijo (pero de verdad, bajando el culo hasta tocar el suelo si hace falta) y escuches con atención planteándote esta hipótesis: “¿Y si la personita que está ante mí tuviese razón?” Repítelo: “¿Y si la personita que está ante mí tuviera razón?”
(…)”

¡Qué importante es esto! Ponerse a la altura de los niños y escucharlos con atención y sin condescendencia, sin querer darles nuestra lección o fardar ante ellos. Tomándolos en serio. Gracias Raúl, por dar voz a tu hija y, con ella, a todos los niños. Y con ella, aprendemos a ver mejor la verdad de las situaciones.

Ahora es cuando explico una mini revelación asociada a este post. Me puse a rebuscdar entre mi archivo de imágenes infantiles y de crianza, y me dí cuenta de que no tenía ninguna pintura en la que un niño o niña nos mirara a la cara (como si estuviéramos agachados o sentados “a su altura”, que era la perspectiva que yo buscaba) y en la cual esa personita no estuvieran retratada en plan “pose” de domingo, de dia de fiesta, de solemnidad, o de princes, o de… Me puse a buscar en internet y descubrí que no era un defecto de mi archivo personal sino algo extendido. Observeré que, resumiendo, existen dos tipos de pinturas de niños: en el primer tipo, nos miran a la cara y ves sus preciosos ojos, pero es un retrato muy preparado o elaborado, sin la espontaneidad del día a día. En el segundo tipo, los niños y niñas juegan, se divierten con total espontaneidad, pero no nos miran, porque son como instantáneas “robadas” mientras prestan atención a otras cosas.

De manera que yo buscaba una imagen infantil con una mirada auténtica, que además revelara sabiduría, asombro, curiosidad…esas cosas que destila el testimonio de Raúl. Y no quería el enésimo retrato de niña princesa bien puesta para el retrato. Y sólo tras mucho buscar descubrí algo que me servía, no del todo, pero sí aproximadamente. Y esta dificultad me hizo pensar en la verdad del testimonio de Raúl, desde la perspectiva del arte que pinta o retrata a la infancia. Y la verdad es que, culturalmente, nos cuesta mucho “ver” a los niños poniéndonos a su altura, mirándolos a los ojos. La tendencia mayoritaria es convertirlos en objetos de placer visual o como “niños florero” para lucir, cosas que “tenemos” para “disfrutar” de ellas. Y luego la otra tendencia es observarlos desde la distancia, como a hurtadillas, o de lado. Ellos en su mundo de juegos y fantasía, nosotros en el nuestro, aparte (fotografías y pinturas hechas desde “arriba” o desde “fuera”)

Sólo excepcionalmente encuentras personas adultas que se ponen a la altura de un niño o niña y le miran a los ojos y no lo convierten “en nada” a su gusto, e incluso son capaces de seguir a la pequeña personita hacia su mundo, para ver sus cosas, sentir sus juegos, y experimentar su perspectiva. Las pinturas de Marina Dieul que os regalo son lo más cercano a esto. Especialmente la primera, en la que esa niña que nos mira sin pose ni adorno a través de un plástico roto, parece asombrada y complacida porque rasgamos el “velo” que suele separar el mundo adulto del mundo infantil. Nos hemos atrevido. Estamos ahí. Y la seguimos. Y ella nos muestra algunas de sus cosas, de sus juegos, de sus fantasías (o no tan fantasías, ¿quién sabe?)

Gracias pues, por ayudarme a terminar de descubrir este problema en nuestra mirada de adultos, y las vías para resolverlo. Que se rompan tantos plásticos, tantos velos, y más y más adultos vivamos las “revelaciones” de las que habla Raúl, gracias a agacharnos y prestarles toda la atención.

Ur Bóreas

 

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Victor Sanchez

Acerca de Victor Sanchez

Víctor, 43 años. Padre de dos hijos, Miguel (10 años) y Ana (7 años). En continua fase de aprendizaje y crecimiento personal gracias al acompañamiento de mis hijos (y no al revés). Descubriendo un nuevo mundo delante de mis ojos. Enamorado y afortunado de haberme encontrado "accidentalmente" por el camino de mi vida el proyecto #siloshombreshablasen. Y con ganas de contagiar las mismas emociones a otros hombres que necesiten "despertar".

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